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Un trago de ron Caña fue lo que a las 12 del día necesitó Eder Franco Pérez para llenarse de valor, y poner los pies justo en el sitio donde hace exactamente un año por poco es devorado por las llamas. Que pase lo que pase , me dijo el hombre antes de secarse las lágrimas y tomar impulso para bajar de la carretera al lugar donde se encuentra el monumento en homenaje a las 45 víctimas que dejó