En tiempos de la Guerra Fría la comunidad sexo-género diversa (que entonces no se llamaba así) no la tenía nada fácil, sin importar de qué lado estuviera respecto a eso que la propaganda “occidental” denominó la Cortina de Hierro. En el mundo socialista se combatía la homosexualidad por considerarla contrarrevolucionaria; en el campo capitalista, el anticomunismo rabioso la perseguía por ser “de izquierda”.
Hoy queremos creer otra cosa, pero la historia dice que si en algo coincidían los dos polos en pugna era en su condena abierta a la homosexualidad. Por razones distintas –incluso diametralmente opuestas– pero con el mismo resultado: represión sexual.